
Querido Héctor:
Te amo. Eso es todo. No preguntes cuanto porque amar es absoluto. Así de simple y así de complejo. Te preguntarás ¿qué es amar? Si puedes explicarlo en simples palabras es porque eso no es amor. El amor se siente en cada rincón de tu ser de manera inexplicable. Su significado es tan etéreo que es imposible bajarlo a una instancia terrena. Amar es sentir un frío ardiente en tu corazón, que te quema con una lluvia gélida. Es sentir miedo de estar con el ser amado. Es el miedo a perder todo en un segundo. Es estar tranquilo, pero indeciso y ansioso a la vez. Es sentirte dividido en dos, mientras que una parte de tu alma se queda contigo y la otra parte vuela lejos hacia donde tú, mi amado, estas.
Eso y mucho más es lo que siento yo por ti. Añoro esos abrazos desesperados, las miradas ansiosas, aquellos deseos satisfechos, nuestras manos promiscuas y tu ternura embriagante. Desearía que pudieras llevarme hacia ti y enterrarme en las profundidades de tu cuerpo, sólo para tenerte a cada instante. Para que así no se desvanezca en mí tu recuerdo inverosímil. A veces llego a pensar que te he inventado, que eres un personaje de un cuento sin final, que no existes y que te puedo moldear a mi antojo. Eres simplemente un suspiro que tomó cuerpo, un muñeco de mi infancia. Ruego por verte para saber que no eres un sueño hecho carne.
Tu recuerdo permanece intacto en mí, en especial tus ojos. Aquellos impredeciblemente rutinarios con un toque de magia otoñal ¿Cómo olvidar tus frases tibias y confortantes en aquellas noches aventureras en las que no había límites para amarnos? Ahora cada una de ellas se ha perdido en el tiempo y me parecen un soplo de una ventisca granizada. Se me congela el alma y ya no sé cómo atraer el calor de vuelta. Me arrancaste la vida y te la llevas. La escondiste y no me la devuelves. Tengo ansias de ti, de estar en tus brazos ¡Incomunicación homicida! El amor se enfría y mi corazón se pone negro por tu ausencia. ¿Acaso es mucho pedir apagar el deseo que se extiende en mi ser?
Espero que llegues por esa puerta. Miro a mi alrededor y no estas. Te busco y no te encuentro. Siento deseos de estar contigo y descansar mis ojos en los tuyos, mi cabeza en tu pecho. Si tú no estas nada vale la pena y yo viajo a la deriva. ¿Es ésta una cruel prueba del destino? Sólo queda en mi memoria las voces del adiós y el beso que continuaba sin cesar. Sin embargo, el mundo sigue girando a pesar de tú ausencia. Para mí, el tiempo se ha detenido y se ha congelado mi corazón al momento de tu partida.
En estos momentos lo único que me mantiene a flote es la esperanza de volverte a ver. Soy cómo un naufrago que busca apagar su sed, yo calmo la sed de mi alma con tus besos sabor a miel. Eres tú la razón de mi ser, la inspiración que no provoca cualquiera amante. Tú provocas que mi pluma vuele a galaxias inimaginables y que traiga de vuelta una infinidad de palabras para expresarte mi amor. Lo único que te pido, ya que no puedes estar aquí conmigo, es que leas mis cartas porque escribir es la única forma que tengo de acercarme a ti.
Tuya por siempre.
Chipriotta



Con satisfacción responde a carta de adorada Chipriota.
Gracias Marión por tus adorables palabras que no son de aquí, sino que llegan desde ese insondable universo oculto tras las galaxias donde el Eco de cada expresión tuya, es el reflejo de luz de una estrella Vivaz al hacerse sentir a tu interior y denotar el Amor hacia tus congéneres quienes al absolverlos se sienten trasladados a una nueva constelación para responder a ese amor con reciprocidad absoluta consciente que aún es, está y existe a pesar del tiempo transcurrido desde la antepenúltima constelación de Orión se prepara de nuevo a retomar el amor intrínseco con mayores fuerzas y desgarrarlo de tu interior, a mi interior con conducción a lo eterno e inolvidable.
Hasta pronto Marión, te aprecio mucho.